"Habéis de saber que los objetos entregados deberán ser usados de la listada manera:
Elegid bien a la víctima ya que de su hilo de lino cortado dependerá el uso de vuestra propia hilada.
Empuñad el puñal con la siniestra mano y abrid en canal al cerdo elegido.
Abierta la ventana en su abdomen donde recogeréis el vital fluído, hundid la punta fatídica en su corazón, y oyendo el sonido de succión, extraed su filo y no derraméis una gota.
Elevad tres veces la plegaria.
Hundid el cáliz en el líquido que brota, y recordad que no podéis derramar ninguna gota.
Elevad una vez más la plegaria.
Sonreíd, y disfrutad y bebed.
Porque esta es la sangre que prolongará vuestra vida año tras año, en la misma medida que la de los años robados."
Mostrando entradas con la etiqueta Preludios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Preludios. Mostrar todas las entradas
domingo, 3 de junio de 2007
miércoles, 16 de mayo de 2007
La llave que abrió la puerta
Un lugar apartado, al aire libre. Silencio quebrado, a ratos, por el canto lastimero del milano nocturno. Olor penetrante (incienso de sándalo, óleos perfumados, carbones y brasas atizados). Una figura afilada, esbelta, piel pálida, intensos ojos de color brillante y una voz apurada leyendo los textos de un libro ajado, con la apariencia de haber sido manejado por mil manos distintas en otras tantas vidas. Un libro en cuero negro, con páginas en una piel extraña y escritas con tinta roja, sin título ni datos en su encuadernación, manuscrito y no impreso, antiguo, extraño e incomprensible, apoyado en una sencilla piedra desnuda.
Palabras.
Palabras.
- Kalesha. Oanna. Aynah. Gelosa.
El humo se retuerce como una serpiente. Polvos arrojándose sobre las brasas, aceites vertiéndose, una mano dibuja en el polvo una figura cuadrúpeda.
- Ummala. Huraesha. Tasesa morana Xekula. Zhazhale Enjha.
Un sonido, como de tierra removiéndose.
- ¡Yorobana! ¡Mare!
Tierra agrietándose, olor sulfuroso, vapor de agua y eccemas purulentos, llamas y humo, humo cubriéndolo todo, espeso como aceite.
- ¡Arkaleima! ¡Zultakama! ¡Reshenila!
Y un gemido lastimero, como un relincho, y fuego y colmillos sedientos de sangre.
Y silencio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
